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Romanos 10:17 y 12:1-21

K. Nikolakopoulos

Así que la fe es por el oir, y el oir, por la palabra de Dios.

Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto. No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. De la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada: el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo y seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación, constantes en la oración. Compartid las necesidades de los santos y practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no seáis altivos, sino asociaos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: «Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor». Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, pues haciendo esto, harás que le arda la cara de vergüenza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Tema

La fe que nace de la escucha y acogida de esta proclamación tiene como consecuencia el hermanamiento, el fortalecimiento y la solidaridad mutua dentro de la comunidad y más allá de ella.

Interpretación y reflexión

En su famosa Epístola a los Romanos, Pablo se dirige al mismo tiempo a dos grupos de la comunidad romana de entonces: a los cristianos judíos y a los cristianos gentiles. Con sus exposiciones de gran profundidad teológica se esfuerza en mostrar a ambas colectividades la fuente de conocimiento más importante de la fe cristiana: la palabra escuchada (Ro 10,17), la predicación, el kerigma. No importa que el grupo privilegiado de cristianos judíos haya heredado sus más profundos principios de fe de sus antepasados y de los profetas, o que los cristianos gentiles hayan conocido la fe a través de la evangelización posterior; ambos han recibido y conocido la fe salvadora a través de la palabra predicada.

Si bien en una primera fase la fuente y la causa fundamental de la fe es la palabra escuchada, la revelación, la palabra misma no es suficiente para obtener la salvación. La palabra escuchada, denominada por Pablo "la palabra de Cristo", representa, por una parte, la invitación o el llamamiento de Jesucristo a todos los hombres. Y en este llamamiento los cristianos judíos y los cristianos gentiles, así como los hombres de nuestra sociedad moderna, son iguales entre sí. Pablo subraya esta verdad de forma muy explícita: "No hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que lo invocan" (Ro 10,12). Pero, por otro lado, la respuesta del hombre a esta predicación tiene una enorme importancia. Precisamente esta respuesta es la que Pablo llama "obediencia", relacionándola directamente con la salvación escatológica (Ro 10,16). Es necesario entregarse en obediencia al Evangelio para formar parte de la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo (Ro 12,5).

La consecuencia inmediata de la fe conscientemente vivida se refleja en la comunidad organizada. En la eclesiología ortodoxa la comunidad representa la célula más viva de aquello que llamamos Iglesia. En el capítulo 12 de su Epístola a los Romanos, Pablo nos ofrece esta bella imagen bíblica: "De la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros" (Ro 12,4-5).

Por medio de la palabra escuchada (predicación) de Jesucristo estamos llamados a seguirle. Precisamente a través de esta llamada (en griego ek-kalein) nos llega a los cristianos la esencia de la Iglesia (en griego ek-klesia). La llamada, la invitación de nuestro Señor, también continúa dentro de la Iglesia, de la comunidad. El capítulo 12 de la Epístola a los Romanos nos presenta una llamativa sucesión de kerigma y función de la comunidad, al enlazar perfectamente su contenido con el capítulo 10. Esta parte tiene el carácter unívoco de una parénesis o paraclesis, que se basa en la palabra escuchada y que representa la consecuencia de la fe en esa palabra kerigmática.

En la teología paulina de la comunidad cada miembro desempeña una determinada función. Todo cristiano puede ofrecerle a la comunidad, según su condición y talento, sus propios servicios (Ro 12,6-8), con la condición previa de que cada uno "se transforme" y "renueve su entendimiento" (Ro 12,2). Esta metamorfosis espiritual del hombre, reclamada y exigida por Pablo, debe perseguir siempre una meta: "Cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".

Después de los 8 primeros verículos del capítulo 12, en los que se especifican las direcciones espirituales de las parénesis siguientes, y que podrían considerarse como una especie de introducción y, a la vez, de resumen del capítulo entero, Pablo expone de forma analítica su visión de la vida en comunidad. A pesar de que todo el párrafo de Ro 12,9-21 forma un bonito mosaico de exhortaciones de las virtudes, la apelación al ágape (amor) se reconoce de forma inequívoca desde el principio. El versículo 9a podría servir, incluso, como título de todo el fragmento que le sucede: "El amor sea sin fingimiento".

El rasgo fundamental de la vida cristiana en comunidad queda claramente definido en el párrafo 12,9-21. Pablo nos ofrece una serie de exhortaciones prácticas que no sólo son válidas para la comunidad romana, sino que poseen un claro carácter diacrónico. Para practicar el amor se deben reactivar otras virtudes diferentes, como amor fraternal, honra (12,10), esperanza, paciencia, oración (12,12), hospitalidad (12,13), bendición y bondad (12,14), apoyo al prójimo (12,15), unanimidad y ninguna altivez (12,16), nada de desquite ni venganza, sino paz y reconciliación mediante el bien (12,17-21).

Naturalmente, es significativo que una parte de las exhortaciones expresadas en la Epístola a los Romanos se remita a la situación interna de la comunidad y otra parte, a su relación con los no cristianos. El apóstol exhorta a los cristianos a realizar una entrega corporal de sí mismos, en otras palabras, a ofrecerse como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios y, en consecuencia, al ejercicio práctico de esa transformación espiritual con el prójimo. Las relaciones humanas requieren una continua curación y una reconciliación duradera. Y, para los cristianos, estas dos grandes metas (curación y reconciliación) deben tener como receptores tanto a nosotros los cristianos, como a nuestros semejantes no cristianos. Las relaciones internas de la comunidad cristiana, dañadas en el transcurso de los siglos y que han provocado tantas divisiones, necesitan el remedio de la curación y la reconciliación. Pero, tras recomponer la imagen del cristianismo ecuménico fraccionado, los cristianos deberán ocuparse intensamente de la curación de sus mutuas relaciones y de la reconciliación con los demás ciudadanos del mundo que no han acogido necesariamente el mensaje cristiano.

Material metodológico

1. Los siguientes temas pueden servir para un debate en grupo:
- Significado teológico y social/sociológico del término "Iglesia"
- Iglesia de los miembros del cielo ("triunfante") y de los miembros de la tierra ("militante")
- Organización de una comunidad cristiana
- Destinatarios modernos de la evangelización cristiana
- ¿Dónde se debe llevar a cabo una labor misionera y dónde una labor evangelizadora o de nueva evangelización?
- Reflexión sobre las diferencias internas dentro de la comunidad cristiana y conocimiento de las posturas que obstaculizan el ecumenismo de los diferentes grupos
- ¿Cómo se puede entender y practicar la obediencia cristiana?
- Padre espiritual - obediencia - vida espiritual ortodoxa
- Fundamentación teológica y significado de la salvación de todos los hombres desde el punto de vista ortodoxo
- Simbiosis dentro de la comunidad (ejercicio de las virtudes mencionadas en situaciones diversas)
- La relación cristiana con los no cristianos

2. Las siguientes situaciones reales pueden servir para un debate en grupo:
- La versión ortodoxa y la católica-romana del cristianismo
- La Grecia ortodoxa y su pequeña minoría protestante
- Nueva evolución del cristianismo europeo occidental: el nuevo establecimiento de la ortodoxia en el siglo XX
- Viejas heridas - nuevos intentos de curación: el Cisma de la Iglesia de Oriente y Occidente (1054), la Cuarta Cruzada (1204)
- La convivencia a lo largo de los siglos entre ortodoxos y judíos (p. ej. en Grecia)
- Tradición ortodoxa en un país musulmán: el patriarcado ecuménico de Constantinopla en el Estambul turco
- Convivencia reconciliadora entre las tres grandes religiones monoteístas

3. Las siguientes ilustraciones pueden servir de ayuda en este contexto:
- Encuentro de un cristiano consciente con un pagano de buena voluntad (ejemplo ilustrado: Hechos de los Apóstoles 8,26-39)
- Actitud de un cristiano ante la confesión: reconciliación necesaria con sus adversarios (ejemplo ilustrado: Mateo 5,23-26)