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Misión y violencia: una relación ambivalente



Procesión de símbolos de la violencia, que fueron traídos ante el altar por jóvenes

Por Juan Michel

Dejando de lado las imágenes culturales de la violencia como algo atractivo, los participantes en la conferencia mundial sobre misión analizaron francamente la ambivalente relación entre misión y violencia. Sin embargo, no encontraron respuestas fáciles.

"La violencia no es atractiva, no hay nada seductor en ella", dijo Tinyiko Maluleke, un especialista en misión presbiteriano proveniente de Sudáfrica, al dirigirse a la sesión plenaria de la Conferencia Mundial sobre Misión y Evangelización el jueves 12 de mayo. "Tenemos que oponernos a la tendencia actual de nuestra cultura que pinta a la violencia como algo sexy y en boga", agregó.

La preocupación de Maluleke tenía en mente especialmente a los jóvenes. Y fueron jóvenes quienes abrieron la sesión con una procesión de símbolos representando la omnipresencia de la violencia: diseminándose junto con la globalización económica o mediante el creciente predominio de las armas, dañando al ambiente o lastimando a las mujeres.

¿Qué tiene que ver la violencia con las iglesias? Mucho, de acuerdo con Viola Raheb, una teóloga luterana de Palestina. "No podemos cerrar los ojos ante la violencia sufrida por la gente 24 horas diarias, día tras día", afirmó. Al describir la situación de los territorios palestinos ocupados dijo: "No es suficiente que las iglesias nombren las causas de la violencia: deben abordarlas activamente con un enfoque no violento".

Una ambivalencia profundamente arraigada

Dedicada al complejo tema de la relación ambivalente entre misión y violencia, la sesión plenaria también fue una celebración de la mitad del Decenio para Superar la Violencia: Iglesias en busca de Reconciliación y Paz (2001-2010).

Un breve video-clip mostrado al comienzo de la sesión incluyó el momento en que un joven delegado alemán a la asamblea de Harare del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) en 1998 hizo la propuesta inicial para dicho Decenio. Siete años después, el pastor menonita Fernando Enns volvió a pararse frente a una reunión convocada por el CMI para afirmar de nuevo la necesidad de que las iglesias se comprometan con el objetivo de superar la violencia en medio de "un mundo verdaderamente violento".

"Es también momento de una confesión honesta", dijo. "A veces, nuestras iglesias se han visto tentadas por el poder y han justificado la injusticia y la violencia teológicamente. Hemos sido conducidos por caminos erróneos en nuestras respectivas tradiciones, cuando la misión de la iglesia ha contribuido con la violencia en el mundo".

Para algunos, como Alix Lozano, pastora menonita de Colombia, esto es tan cierto que misión y violencia son palabras casi intercambiables. "Para nosotros en Colombia [...] la violencia (o la espada) ha sido una compañera constante de la misión (o la cruz)", afirmó Lozano en un testimonio que tuvo que leerse en su ausencia dado que le fue negada la visa para asistir a la conferencia.

La relación entre testimonio cristiano y violencia es compleja porque puede rastrearse hasta las raíces mismas de la fe. Según Raheb, "tenemos que mirar críticamente incluso los textos bíblicos que hablan de violencia y presentan una imagen de Dios que ha sido usada para legitimarla, y por lo tanto nos desafía".

La importancia de iniciativas tales como el Decenio radica en que al llamar a las iglesias a "renunciar a toda justificación teológica de la violencia", se las desafía a "luchar

Miedo y pasión

¿Por qué los cristianos habrían de sucumbir a la tentación de la violencia? La respuesta, de acuerdo con Janet Plenert, pastora menonita de Canadá, quien también participó del plenario, es el miedo. "El miedo es la motivación principal y más profunda para involucrarse en la violencia. Es el miedo el que nos hace prestar atención a las voces de la autopreservación, de la superioridad racial, de la seguridad nacional".

El miedo actúa de maneras diferentes en contextos diferentes. "En Palestina, el miedo es un arma psicológica", dijo Raheb. "Puedo decirles que no he superado el miedo y no creo que alguna vez lo haga, pero he aprendido a aceptar que estará siempre allí".

Así como el miedo, otros temas quedaron abiertos cuando el plenario llegó a su fin. La sesión en realidad no pretendía dar respuesta a todas las preguntas. La ambigüedad seguirá presente. Pero a fin de vivir con ella, se necesita pasión. "El Decenio para Superar la Violencia llama a las iglesias a sentir nuevamente, a apasionarse con el tema de la violencia", dijo Maluleke dirigiéndose a la conferencia.

Maluleke les recordó a los participantes que esa pasión está arraigada en el hecho de que "la imagen de Dios se ve allí donde la humanidad está más sometida al ataque". Como lo declaró Lozano en su testimonio escrito: la misión de Dios puede vivirse en un contexto de violencia cuando los cristianos sintonizan con "la intención de Dios, quien siempre toma el lado de los pobres, los necesitados, los perseguidos, los marginados".

Mientras llegaban al escenario velas encendidas en manos de los mismos jóvenes que primero habían portado símbolos de violencia, la asamblea llevó el tema ante la presencia de Dios en oración, y concluyó cantando el tema de la conferencia: "Ven, Espíritu Santo, sana y reconcilia".

(*) Juan Michel, encargado de prensa del CMI , es miembro de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en Buenos Aires.