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09.05.05 15:17 Antiguedad: 7 yrs

Tras los pasos de Pablo: Conferencia misionera se reúne en Atenas

La colina de Marte, sede del areópago,
vista desde la Acrópolis.

ATENAS, Grecia, Mayo 9, 2005 -- Cerca de 700 cristianos de las más diversas tradiciones y de todos los rincones del planeta se han congregado en Atenas esta semana para la décimo tercera conferencia mundial sobre misión y evangelización, convocada bajo el lema: "Ven Espíritu Santo, sana y reconcilia!", que comienza este lunes 9 y se extiende hasta el domingo 15 de mayo.

Muchos participantes están conscientes de seguir así los pasos del apóstol Pablo, que visitó Atenas hacia el año 51 o 52 en su segundo viaje misionero.

Pablo fue invitado a hablar en el areópago y en su célebre discurso, narrado en Hechos 17, no solo no ignoró el contexto filosófico de los atenienses, sino que utilizó categorías que les eran familiares, particularmente a los seguidores del estoicismo.

Atenas, cuna de la democracia y centro por excelencia de la enseñanza, se encontraba entonces bajo el gobierno de los romanos, que viajaban regularmente como turistas a Grecia, especialmente a esta ciudad, para apreciar la riqueza del mundo clásico que ellos se esforzaban en imitar.

Aquella ciudad de 100.000 habitantes que conoció Pablo, en la que era posible enfrascarse en animadas discusiones en los portales del ágora y conversar con el mismísimo Sócrates, hoy alberga a cuatro de los once millones de habitantes de Grecia y está llena de actividad, movimiento y bullicio.

Del ágora, donde algunos atenienses poco hospitalarios calificaron a Pablo de "charlatán", quedan unas ruinas ilustres, entre ellas el templo a Atenas Niké (Atenas victoriosa), la diosa protectora de la ciudad. Por entonces era la plaza del mercado y el corazón de la vida diaria en la ciudad, el lugar público para encuentros y conversaciones sobre cualquier tema --los atenienses, como destaca el autor de Los Hechos, eran gente particularmente curiosa--.

El areópago, tribunal de justicia constituido por 31 miembros, funcionaba en una colina dedicada al dios Marte y se encargaba de los crímenes capitales, aunque también decidía en torno a cuestiones constitucionales y administrativas. Allí llevaron a Pablo, no para juzgarlo, sino para una conversación más bien informal.

Aunque el sermón de Pablo no encontró una audiencia muy favorable, la tradición asegura que el presidente del areópago quedó muy impresionado por las palabras del apóstol. Tanto, que se convirtió al cristianismo, fue ordenado obispo de Atenas por Pablo mismo y murió martirizado en la hoguera.

Hoy se le recuerda el 17 de noviembre como San Dionisio Areopagita. Desde la sede del areópago Pablo pudo admirar, en la colina opuesta, la antigua acrópolis (ciudad en lo alto). Muchas ciudades estados de la antigua Grecia eran construidas alrededor de una acrópolis, un lugar donde los habitantes podían refugiarse en tiempos de invasión, y donde se edificaban alguno de los edificios más sagrados.

En la acrópolis de la Atenas del siglo I se alzaban el Partenón --obra cumbre de estilo dórico erigido entre 447 y 438-- y otros edificios construidos por Pericles en el siglo V antes de Cristo, para reflejar los logros políticos y culturales de los atenienses.

El Partenón era un templo dedicado a la diosa Atena Pártenos que en el siglo VI de nuestra era, fue convertido en una iglesia cristiana. Bajo Justiniano, fue dedicado primero a Santa Sofía y luego a la Virgen María, antes de ser catedral de los duques francos y mezquita durante la ocupación otomana.

Hasta que, en septiembre de 1687, un proyectil de los venecianos que habían puesto sitio a la acrópolis hizo estallar la pólvora almacenada allí por los turcos. El resultado fue la destrucción de buena parte del edificio, cuyas ruinas son visitadas cada año por decenas de miles de turistas.

La bienvenida a los participantes en la magna reunión misionera la dará el arzobispo Christodoulos, cabeza de la Iglesia Griega, iglesia que extendió la invitación y es la anfitriona principal de la conferencia. Una iglesia que se considera fundada por Jesucristo mismo por aquel contacto de Jesús con unos griegos que narra el cuarto evangelio (Jn 12, 20-24) y particularmente por Pablo, que fundó comunidades cristianas en sus viajes misioneros por la región. (2005/ecu/evan/mq).