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2 Corintios 5:11-21

Moon-Geoung Kim

Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos, y espero que también lo sea a vuestras conciencias. No nos recomendamos, pues, otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis con qué responder a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón. Si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros. El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y él por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas. Y todo esto viene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación: Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo , no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en él.

Comentario del texto

El texto 2 Co 5,11-21 aborda el ministerio de la reconciliación con Dios por medio de Jesucristo como la esperanza proclamada de los creyentes. El texto puede dividirse en tres partes: 1. vv. 11-13: el ministerio de Pablo, 2. vv. 14-17: el amor de Cristo como razón del ministerio del apóstol y 3. vv. 18-21: el ministerio de los creyentes.

1. vv. 11-13

El conocimiento del Señor determina a Pablo como apóstol en su ministerio. Por veneración al Señor Pablo intenta, como testigo, persuadir a los hombres para que sirvan a Dios, y no a él (v. 11). Pablo quiere animar a la comunidad de Corinto a sentirse contenta con su apóstol y reconocerlo, frente a aquellos que actúan en las comunidades de Corinto contra Pablo (v.12). En todas las situaciones Pablo sólo se consagra a Dios. En este sentido piensa y actúa por el desarrollo de la comunidad. El amor a Dios y el cuidado de la comunidad, estos dos polos determinan el ministerio del apóstol (v. 13).

2. vv. 14-17

Lo que define al apóstol Pablo y a los cristianos en todos los tiempos es el amor de Cristo, que se manifiesta en su pasión y muerte sustitutorias (v. 14). Con la muerte redentora de Jesucristo se abre el camino a la nueva vida eterna. Los creyentes ya no viven para sí mismos, sino para aquél que murió por ellos y fue resucitado. El poder de la resurrección de Jesucristo les brinda la posibilidad de una nueva vida verdadera (v. 15). En el acto de amor de Cristo en la cruz Pablo supera el conocimiento "carnal" de Cristo. El encuentro con Cristo conduce a un nuevo modo de conocimiento "espiritual". Quien vive para Cristo ve con los ojos de Jesucristo en cada hombre al amado y salvado por Él, por quien Cristo murió (v. 16). En la muerte de Jesucristo lo viejo ha pasado. En su resurrección surge una vida nueva. Como los creyentes ya no viven para sí mismos, sino para Cristo y sus semejantes, sus hermanas y hermanos, es posible una nueva vida. La esperanza escatológica de una nueva creación tiene lugar, pues, en Jesucristo.

3. vv. 18-21

Debido al pecado de "querer ser como Dios" los hombres y el mundo viven enemistados con Dios. Pero esta enemistad sólo se salva "desde Dios". El acto de reconciliación de Dios se consumó en la crucifixión y la resurrección de su hijo Jesucristo. La reconciliación que ha tenido lugar debe proclamarse como la esperanza viva de los hombres y el mundo. Dios nos concedió el ministerio de la reconciliación por medio de Cristo (v. 18). En Cristo Dios reconcilió consigo al mundo. El apóstol y los creyentes de todos los tiempos están llamados a continuar proclamando este mensaje de reconciliación (v. 19). Dios transmite sus palabras de reconciliación en Cristo por medio del predicador. El apóstol y los creyentes realizan por Cristo este ministerio de embajadores del acto de la reconciliación de Dios. Por Cristo suplican a los demás que se reconcilien con Dios (v. 20). Jesucristo sufre la muerte por nosotros, por nuestros pecados, para llamarnos desde la muerte en pecado a la "vida de Cristo". De esta manera Dios nos justifica en Jesucristo. Él se hace nuestro pecado y nosotros conocemos la justicia de Dios sólo en Jesucristo. Cuando los creyentes se dejan conmover por esta reconciliación de Dios, viven como justificados (v. 21).

Introducción al estudio bíblico

Todos los participantes deben leer el texto y reflexionar sobre él. Para la aplicación práctica del mensaje del texto el preparador puede plantear a los participantes las cinco preguntas siguientes. Las posibles respuestas añadidas pueden emplearse como ayuda para las respectivas preguntas. Todos los participantes deben intercambiarse sus propias reflexiones y experiencias. Al final del ejercicio los participantes rezarán juntos en nombre del Espíritu Santo.

Preguntas sobre el estudio bíblico

1. ¿Qué fin tiene mi ministerio en mi comunidad? (vv. 11-13)
- ¿Dios o yo mismo? (vv. 11, 13)
- ¿Mi convencimiento interior o mi apariencia externa? (v. 12)

2. ¿Cómo reconozco a Cristo, a mí y a los demás? (vv. 14-17)
- ¿Por la "carne" o por el "espíritu"? (v. 16)

3. ¿Cómo tiene lugar y qué significa bíblicamente "reconciliación"? (vv. 18-21)
- ¿Quién es el que actúa? (vv. 18,19)
- ¿Cuál es el motivo de la reconciliación? (v. 21)
- ¿Por qué es necesaria esta reconciliación? (v. 21)

4. ¿Con quién y cómo debo reconciliarme? (vv. 18-21)
- ¿Con Dios en Cristo?
- ¿Conmigo mismo?
- ¿Con mis semejantes (en concreto) y con el mundo?

5. ¿En qué consiste mi ministerio? (vv. 18-21)
- ¿A qué estoy llamado?
- ¿En predicar la reconciliación de Dios en Jesucristo? (vv. 20-21)